lunes, 9 de abril de 2012

Planescape: Cap. 15 - Los Matapiedad


Erannah comtemplaba, feliz, como el muchacho al que había salvado de los cuatro magos se alejaba hacia su libertad, la multitud apartándose de su camino.

- ¡No! - chilló uno de los magos, apuntando una varita hacia el muchacho.

Antes de que pudiera activarla, Erannah arrojó una de las dos espadas cortas que llevaba en el cinto al mago, clavándola en el hombro derecho. El mago tambaleó y profirió un grito de dolor.

- No te voy a dejar hacerlo, pedazo de mierda.

Sonó un chasquido y Erannah sintió una corriente atravesarle el cuerpo. Otro de los magos se había recuperado y le había lanzado una descarga eléctrica. Por suerte para Erannah ella era una aasimar, y poseía cierta resistencia a ese tipo de energía.

Se dirigió al mago que le había disparado el conjuro, desenvainó a la carrera su otra espada y le hizo un tajo en el cuello, matándolo al instante.

En ese momento, alguien entre la multitud chilló "¡La guardia, la guardia! ¡Por fin!". "No, no es la guardia, son los Matapiedad", dijo otro ciudadano.

Erannah miró hacia donde apuntaba la multitud. Cinco tipos ataviados con armadura completa color gris, espadas y escudos con el blasón de la facción de los Matapiedad, corrían hacia donde se encontraban ellos. Entre ellos había un miembro de los Hombres de la Ceniza, con su túnica desgastada y de color gris.

- Ya era hora - dijeron al mismo tiempo tanto Erannah como uno de los magos.

Cuando los cinco guardias hicieron acto de presencia, el más robusto de todos ellos, y que parecía ser el líder, dio un paso al frente.

- ¿Que ha sucedido aquí? - preguntó. Su rostro, tapado por un casco cerrado y completo, hacía que su voz tomara un tono metálico 

Erannah se dirigió al guardia, confiada en que por fin todo se arreglaría y que esos magos encontrarían su justo merecido.

- Me llamo Erannah. Estos magos de aquí estaban torturando a un chiquillo frente a toda esta multitud, que no movió un solo dedo para impedírselo. Era un espectáculo dantesco. Menos mal que ya están ustedes aquí para darles su merecido.

El guardia observó al mago que había acabado de matar Erannah, y a otro retorciéndose de dolor por la espada clavada en su hombro. El Hombre de la Ceniza que iba con ellos se dirigió de inmediato al mago que estaba herido.

- Parece ser que el merecido se lo ha dado usted - comentó el guardia.

Erannah se hinchó de orgullo ante lo que ella entendió como un cumplido.

- El niño... - dijo otro de los magos - ¡El niño se ha escapado! ¡Esta idiota ha salido a su rescate y se ha cargado a Dofus!

- ¿Hacia donde ha ido el niño? - preguntó el Matapiedad.

- No lo sé, no lo sé... ha huido, se dispersó entre la gente... ¡y todo por culpa de esta idiota justiciera!

- ¿A quien llamas idiota, excremento de...?

Erannah no llegó a acabar su frase. El guardia la había golpeado en la base del estómago, dejándola sin aliento y haciendo que cayera de rodillas al suelo. Boqueando, con las manos en el estómago y buscando tomar aire, miró hacia arriba, hacia el guardia, con un "¿porqué?" dibujado en su rostro.

Lo último que vio fue al mismo guardia cerrar su puño para propinarle otro puñetazo, y luego, solo hubo oscuridad.


viernes, 6 de abril de 2012

Planescape: Cap. 14 - Combate en el Gran Bazar

Allí estaba Erannah, una fiera guerrera entrenada en la técnicas de lucha de los mejores guerreros de Ysgard, técnicas surgidas de los salones del Valhalla donde los mejores guerreros se ponían a prueba a si mismos día tras días.

Allí estaba Erannah, educada en la senda del guerrero, en vivir una vida digna de ser vivida, en proteger a aquellos que no pueden valerse por si mismos para protegerse, en buscar retos y mejorar día a día.

Y allí había un reto digno de ser combatido.

Erannah corrió hacia uno de los magos y lo derribó. La multitud chilló de asombro y a su vez de indignación.

"¿Se puede saber que diablos le pasa a la gente?", pensó Erannah para si misma.

El mago derribado quedó aturdido, en parte por golpe, en parte por la sorpresa y en parte por romperse su conjuro de una manera tan súbita. 

Erannah no perdió el tiempo y fue a por otro de los magos, al que le propinó, de un salto, un puntapié en todo el esternón, derribándole y dejándolo sin aliento.

- ¿¡Pero que haces, loca!? - dijo otro de los magos.

- ¡No pierdas la concentración! - gritó el segundo.

- ¿Qué...? - el mago que había hablado salió despedido hacia la multitud tras un sonoro chasquido, producto, pensó Erannah, de perder el control sobre su conjuro.

Erannah fue testigo como el conjuro del último mago perdía fuerza y el chiquillo era liberado de su presa. El último mago dio un paso atrás, aterrorizado, cosa que aprovechó Erannah para propinarle un puñetazo que lo tumbó al suelo.

Con los cuatro magos derrotados, Erannah se dirigió al niño.

- ¿Te encuentras bien, chaval?

- Sí, señora, creo que si. Gracias a usted.

- ¡Insensata! - gritó uno de los magos, que se estaba incorporando. - ¡No sabes lo que haces! ¡Apártate!

- ¿Para qué? - replicó Erannah - ¿Para que puedas abusar de un niño? ¿Qué ha hecho? ¿Robarte la bolsa de oro para intentar sobrevivir? ¿En serio se merece ese trato? ¿En serio se merece que lo hayáis estado torturando y haciendo de ello un espectáculo público?

- ¿Que...? Tu no sabes nada, aasimar. ¡Ese muchacho es un demonio!

- ¡Y tu eres un cerdo sin honor! ¡No eres más que un cobarde que se ceba con los más débiles!

- ¡Apártate de nuestro camino, aasimar! 

Y dicho esto, el mago sacó una varita de la cual salió una descarga de electricidad. Erannah cogió al chaval y la esquivó, pero el rayo impactó en el público.

Hubo una gran conmoción.

Erannah quedó aturdida. ¿Como se había atrevido a usar una varita de ese tipo, habiendo tanta gente agolpada? La gente empezó a dispersarse, consciente ahora de que esos magos eran realmente peligrosos y que un conjuro mal apuntado podía muy bien acabar con sus miserables vidas.

- Huye. - le dijo Erannah al muchacho. - Aprovecha el caos, huye.

- Eso haré. Muchas gracias, señora, estoy en deuda con usted.

- No estás en deuda con nadie, chaval. ¡Corre!

Y dicho esto, el chaval corrió lo más rápido que pudo, perdiéndose entre las calles de Sigil.


martes, 3 de abril de 2012

Planescape: Cap. 13 - La senda del guerrero

El Juez Teodoro estaba satisfecho consigo mismo. Había puesto a la aasimar en su sitio, le había dado una lección de humildad y además ya no tendría que seguir escuchando sus bravuconadas ni improperios.

- Bien, ahora que por fin se ha calmado un poco y sabe cual es su sitio, vamos a repasar el infome - le dijo el Juez a Erannah.

Erannah se cruzó de brazos y frunció el ceño.

- ¿Algo que decir?

Erannah aún frunció más el ceño.

- Uy, es verdad, si no puede hablar, jijiji. - Teodoro estaba disfrutando humillando a la aasimar. - Bueno, repasemos, según su declaración iba usted por el Barrio del Mercado, en el Gran Bazaar cuando...

En medio de la plaza Erannah oyó un alboroto. Erannah fué a investigar y se topó con un montón de gente que se agolpaba alrededor de algún evento importante. Entre el ruido de la multitud, los gritos de ánimos, asombro, odio y rabia se oían cánticos arcanos y, por debajo de estos, Erannah alcanzó a oír una voz infantil que pedía ayuda.

Erannah se dirigió sin pensárselo dos veces hacia la multitud y se abrió paso entre los observadores a empujones hasta llegar a primera fila. Una vez llegó allí, vio lo que sucedía.

Cuatro figuras encapuchadas y que vestían las túnicas grises de los Hombres de la Ceniza rodeaban a un niño que no debía tener más de 6 años de edad. Cada una de las figuras encapuchadas entonaba un cántico repetitivo y de sus manos surgían rayos de energía arcana que impactaban en el niño y que parecían causarle un gran dolor.

Alguien entre la multitud gritó "¿Donde está la guardia? ¡Ya tardan en llegar!".

Erannah pensó exactamente lo mismo. Observó con detalle al niño y sus miradas se cruzaron. No era más que un chaval humano, con ropas de pordiosero. ¿Que había hecho para merecer ese trato? ¿Robarle a los Hombres de la Ceniza para intentar sobrevivir?

- Por favor... ayuda... - fue todo lo que el pobre chiquillo pudo llegar a decir, presa del dolor, con lágrimas en los ojos, dirigiéndose hacia Erannah.

La gente seguía chillando. Unos con asombro por el despliegue de magia y otros animando a los magos. Al lado de Erannah alguien chilló "¡Bien, acabad con ese demonio, maldito sea mil veces!". Erannah se dirigió al que había gritado tal cosa y le dio tal puñetazo que lo dejó seco allí mismo.

Hecho esto dio un paso al frente, dispuesta a pasar a la acción. Allí donde los demás se quedaban quietos y no hacían nada, un aasimar corría riesgos y vivía una vida digna de ser vivida.

Esa era la senda del guerrero, la senda que había aprendido hacía tanto tiempo...


domingo, 1 de abril de 2012

Planescape, Cap. 12: Perdidit Sonnus Motus

La sala del juzgado enmudeció. El Juez Teodoro acababa de lanzarle un conjuro a la aasimar llamada Erannah, harto ya de aguantar los insultos a su persona. El Juez seguía con un dedo apuntado hacia Erannah, y sonreía con satisfacción.

- Bien, podemos continuar.

Erannah miró a los otros tres detenidos y estos a su vez a ella, esperando que algo terrorífico hubiera pasado. Pero no sucedía nada.

Erannah se sintió una estúpida por haberse asustado cuando el Juez lanzó el conjuro. Miró hacia su señoría y empezó a cantarle las cuarenta...

Solo que ningún sonido salió de su garganta.

Por unos momentos Erannah se quedó atónita.

- ¿Cómo dice? - preguntó Teodoro ladeando la cabeza para orientar una de sus orejas hacia la aasimar. - Lo siento señorita, pero no puedo escucharla, tendrá que alzar la voz.

Erannah mordió el anzuelo ante la provocación y empezó a barbotear un sinfín de palabrotas que solo conocen los bárbaros más curtidos de las regiones más guerrilleras de los planos... pero siguió sin salir un solo sonido de su garganta.

- ¿Que le sucede? ¿Se le ha comido la lengua el gato? ¿O tiene dolor de garganta? ¿Quiere que le pida una pastillita? - dijo con mofa el Juez.

Erannah frunció aún más el ceño. Fué a dar un paso para encararse al juez, estaba tan furiosa que le daban igual los guardias... pero no pudo moverse. Estaba ahí, anclada al suelo.

- Uy, me parece que a alguien le fallan las piernas, jijijiji - siguió burlándose el juez.

Furiosa, empezó a hacerle gestos groseros impropios de la reputación de los aasimar como raza educada y bondadosa.

- Vaya, parece que alguien quiere que le lancen otro conjuro... - dijo con malicia el Juez.

Erannah se detuvo y, aún enfadada como estaba, el hecho de seguir siendo humillada por un gnomo pervertido, mirón y cobarde no le hacía gracia... así que dejó su furia a un lado, quizás para otra ocasión en la que pudiera rodear el cuello del gnomo con sus fuertes manos...

- Bien, y ahora que nos hemos calmado, vamos a repasar el porqué está usted hoy aquí...


jueves, 29 de marzo de 2012

Planescape, Cap. 11 - Erannah

Su Señoría Teodoro estaba agotado. 

De todos los grupos de detenidos habidos y por haber en Sigil, tenían que tocarle estos precisamente a él. El Juez respiró hondo y procuró centrarse para no freír allí mismo a los detenidos con una descarga de relámpagos. Las sentencias drásticas eran para otras facciones, pero no para la Fraternidad del Orden, aunque ganas no le faltaban.

Al menos, la tiefling había dejado claro que él no era un gnomo pervertido asaltacunas... bueno, ella decía que se lo había dicho su cuarzo mascota - cosa por cierto no muy normal en un cuarzo mascota - y eso le dejaba una duda en mente: ¿qué pensaría realmente esa chiquilla? ¿Y... porque a él le importaba? No era más que una ratera inmunda.

Teodoro se despejó, observó el siguiente expediente que tenía sobre la mesa y empezó a leer en voz alta.

- Veamos... nombre de la detenida: Erannah

- Sí, esa soy yo. - dijo la aasimar, poniendo los brazos en jarras en actitud desafiante.


- Raza: aasimar... vaya por dios... a ver... Cargos: mmmm.... 

- Eso, ¿qué cargos? No se que estoy haciendo aquí. He hecho un favor a la guardia de esta ciudad y encima...

- ¡Silencio! - le ordenó un guardia.

Teodoro, tras leer durante un rato los cargos imputados a Erannah, la miró fijamente con gesto agrio.

- ¿Qué? - le resopló Erannah.

- Por el amor de los planos, otra bastarda justiciera de los Planos Superiores no... - musitó Teodoro en voz alta pero más para si mismo que para los detenidos.

Los Planos Superiores, los planos que resuenan con las vibraciones del bien, están habitados por todo tipo de espíritus nobles y bondadosos. Y cuando en la línea familiar de un mortal figura algún apareamiento con uno de esos espíritus, es muy probable que dentro de esa línea nazca un aasimar, un mortal con vestigios celestes.

- ¿Tiene algún problema con mi herencia? - le desafió Erannah.

- ¡Pues sí! ¡La tengo! ¡Pasa que todos los aasimar dais problemas! ¡Más aún que los tieflings o las ratas cráneo! - Teodoro volvió a sulfurarse. Su humor ya no estaba para aguantar más impertinencias.

- Acaba de llamarte rata - intentó picar Khale'Guu a la aasimar.

- ¿Qué me ha dicho? ¡Baje aquí si tiene huevos!

- Por favor, que es un juez - intentó razonar Roarch Raarg con ella.

- ¡Y un mojón de troll! ¡No es más que un gnomo pervertido!

- Vuelva a llamarme pervertido y la mando callar. - amenazó Teodoro.

- Pues deje de mirarme las tetas, pervertido. Y además, con complejo de inferioridad. ¿Que hace ahí sentado a cinco metros del suelo? ¿No tiene dignidad? Es patético.

- Y usted va muy ligera de ropa. Además, ¿¿que es lo que me ha dicho?? - la desafió Teodoro, con la nariz toda colorada.

- Uno: pervertido - dijo alzando la mano derecha hacia Teodoro y levantando un dedo de esta. - Dos: acomplejado - dijo mientras levantaba otro dedo. - Y tres: patético. - acabó alzando el tercer dedo.

Roarch se llevó la mano a la cara.

Khale'Guu no pudo más que admirar lo cuadrados que los tenía esa aasimar.

Y el semielfo murmulló un "madre mia...".

- ¡Pérdidit Sonus Motus! - bramó Teodoro señalando con un dedo a la aasimar.

Roarch Raarg se encogió de hombros esperando que, allí donde estaba una aasimar llamada Erannah, solo quedara un puñado un cenizas. Para su sorpresa Erannah seguía allí, con vida...


lunes, 26 de marzo de 2012

Planescape, Cap. 10 - Krispin, el cuarzo mascota

Cuando Khale'Guu volvió a la sala después de su visita a los urinarios del juzgado, se fijó que todo el mundo la había estado esperando.

- Bien, señorita Guu, volvamos al tema. Visto que, aunque sea usted una ratera de cuidado de los barrios bajos, en este caso puedo considerarla que la han tratado como a una herramienta y que el verdadero culpable sigue libre a sus anchas.

- ¿Entonces me puedo ir? - dijo ilusionada

- ¡Ni hablar! ¡Es usted un peligro para la gente civilizada! Sin embargo, creo que puedo darle un uso mucho más apropiado, y podrá usted hacer muchas de las cosas que le gustan y por las cuales podría ser detenida. Así pues, la condeno a...

Tilín tilín, sonó un campanilleo en la sala.

- ¿Que ha sido eso? - preguntó el juez.

Tilín tilín, otra vez.

Khale echó mano a su bolsillo y sacó lo que parecía un cristal de cuarzo blanco. Empezó a toquetearlo y a darle golpecitos con un dedo. Mientras lo hacía, el cuarzo hacía diversos ruiditos.

- ¿Que diabl...? ¡Guardia, quítele eso a la prisionera ya mismo!

El guardia novato que había acompañado a Khale al lavabo obedeció a su Señoría.

- Eeeeh, ¡ez mio! - se quejó Khale'Guu.

- ¿Que es eso que llevabas escondido? ¡Contesta! 

- ¡Ez mi amigo! ¡Devuélvamelo! - suplicó al juez

- ¡Ni hablar! ¿Tu amigo? ¡Y un cuerno, tiefling! ¿Como es que ha pasado la inspección de los hechiceros? - interrogó con tono duro Teodoro.

Khale se enfurruñó e hizo uso del ingenio malvado con que la habían dotado los planos inferiores.

- Acabo de venir del lavabo... azí ke ya zabez donde lo tenía ezcondido... - le dijo insinuante al guardia. Era un engaño en toda regla, pero el guardia le había quitado el cristal y se lo había buscado

Todos gimieron y retorcieron sus rostros en gesto de asco. El guardia se miró la mano en la que sostenía el cuarzo y languideció. Khale aprovechó su aturdimiento para hacerse con el cristal, aliviada. En cuanto lo hizo, el cristal emitió un alegre campanilleo.

- Señor Juez... - gimió el guardia.

- Si, hijo, si, ve a desinfectarte la mano, anda.

Khale protegía su cristal mientras le susurraba "ya eztá, bonito, ya eztá".

- Señor Juez, ¿puedo hablar? - solicitó Roarch Raarg.

- ¿Qué quiere usted ahora?

- No creo que el cristal sea un peligro. Tiene toda la pinta de ser un cuarzo mascota.

- ¿Un cuarzo mascota? ¿Que hace una tiefling con un cuar...? No, no, no quiero saberlo.

- Ez mi amigo.

El Juez se hundió más en su butaca, cansado y a la vez pensativo. Se relajó y pensó un momento. Si los hechiceros lo detectaron y lo dejaron pasar, el cuarzo no suponía un peligro. Pero si no lo detectaron o Khale'Guu había conseguido colarlo es que era más buena de lo que él pensaba... pero torpe al dejar que se lo descubrieran tan tontamente. 

Torpe e inocente...

Teodoro suspiró.

- Bien, señorita Guu. Me será usted más útil de lo que pensaba, pero hay ciertos aspectos que tendrá que pulir. La condeno a servir como mandada para la Fraternidad del Orden, a cumplir recados y realizar tareas sociales hasta que yo, el Juez Teodoro Milmuertes XXXIV, considere que ha pagado suficientemente por sus crímenes. ¿Le parece bien?

- Mmm... ¿me darán de comer?

- ¿Eh? 

- Comida. Papeo. Pollo, chuletón, papaz, kezo, cerveza, bokata de calamarez... 

- Claro... si... por supuesto, muerta de hambre no nos serviría de nada. 

- Ooooh... comida para ziempre. ¡Tenemoz un trato, zeñor juez!

- Yo no lo llamaría trato exactamente. Vas a ser su esclava, bicho, como el semiorco. - dijo la aasimar.

- ¿Ezclava? Pego no zexual, ¿verdad? - dijo mientras volvía a cubrirse el cuerpo en gesto de protección.

- ¡Ya le he dicho que no soy de esa clase de gnomos! - chilló Teodoro enrojecido.

- No, no lo ha dicho - le contestó Khale.

- Cierto, es la primera vez que lo dice - comentó el semielfo.

- Yo de ti tendría cuidado. Ese tipo es un pervertido. - le aconsejó la aasimar.

- Por favor, chicos... estáis llamando pervertido a un juez en su propia cara...

Khale'Guu miró fijamente al juez. Estaba enrojecido de rabia y vergüenza. Se le notaba que no sabía manejar este tipo de situaciones. En tema de leyes y de mandar era muy eficaz, pero cuando salía algo de índole más personal, se volvía torpe como un lim lim recién salido del cascarón.

El cuarzo mascota emitió un tintineo. Khale lo miró durante un segundo y luego se relajó y sonrió.

- El Juez no ez de eze tipo de gnomoz. En realidad ez un buenazo.

Todo el mundo se la quedó mirando.

- Me lo ha dicho Krizpín - dijo enseñando el cuarzo - Y Kizpín nunca miente.


viernes, 23 de marzo de 2012

Planescape, Cap. 9 - Memorias robadas

El Juez Teodoro se puso a ojear el informe de la tiefling para evitar el bochorno al que estaba siendo sometido.

- A ver, usted, según pone aquí se hace llamar Khale'Guu, y fue detenida en la casa del dignatario Segismundo Forjarugiente por allanamiento de morada e intento de hurto. La pillaron in fraganti en la cocina  zampándose tres cuartos de pollo asado y en posesión de un colgante de protección contra el mal de magnitud cinco. ¿Tiene algo que decir al respecto?

- Mmm... pooollooo... rikoooo :3...

- No se haga la tonta conmigo. El colgante, un collar de oro, acabado en un círculo con símbolos arcanos y un diamante así de gordo en su centro para canalizar su poder.

- Aaaaah, zi, ya me acuerdo. Me iban a pagar una buena pazta por él.

- ¿Ah si? ¿Quién?

- Pueeeez ... - Khale'Guu empezó a hacer memoria. Se rascó la cabeza con su cola prénsil... no conseguía recordar nada y empezó a preocuparse. - Puez... un zeñor, zupongo... uuuuh - el rostro de Khale se tornó en un rostro de angustia -  ¡No me acuerdo...!

Khale se puso la manos en la cabeza y empezó a refregarse los pelos, ansiosa.

- ¡Me he olvidado! No puede zer... 

- ¿Seguro? Mmm... ¡como me mienta la puedo acusar de encubrimiento y obstrucción a la justicia!

- Señor Juez, su excelencia - dijo uno de los guardias Harmonium.

- ¿Si, buen guardia?

- En el informe que le hemos entregado figura que, a la hora de examinar a la tiefling en busca de rastros de magia, los hechiceros hallaron un leve rastro de magia de la escuela de misticismo universal. Los hechiceros dijeron que eran los restos un conjuro lanzado mediante una contingencia.

- ¿Una contingencia? Mmm... interesante. Quizás quien te contrató te lanzó un conjuro para asegurarse que no lo delatarías en caso de fracasar.


- ¿En zerio? ¿Me han hechizado? Poz no me di cuenta...

- Eso parece ser. Bueno, conozco a un par de estos hechiceros, no son unos meros principiantes así que lo que debe poner aquí debe ser cierto, así que teniendo en cuenta...

- ¡Zeñor Juez zeñor Juez! - Kahle'Guu empezó a oscilar el brazo angustiada para que el Juez le prestara atención.

- ¿Que pasa pequeña? ¿Te has acordado de algo?

- No, ez ke... ez ke... me eztoy haziendo piz... ¿Puedo ir al lababo?

El Juez se quedó atónito, y un silencio reinó en la sala mientras Khale cruzaba las piernas, se sonrojaba y emitía unos leves gemiditos.

- Ke me meo...

- Eeeer... no tengo ganas que manchen mi alfombra importada de Calimshan y menos que uno de mis detenidos huela a orines del averno... Señor guardia, usted, si usted, acompañe a la detenida al lavabo.

- ¿Y si intenta escapar, señor Juez?

- ¿Es usted un novato? No lo hará. Lleva puesto el brazalete, y por muy buena que sea en su oficio, no podrá sacárselo.

El Juez llevaba toda la razón. Khale había estado intentando sacarse el brazalete todo el rato, pero no había habido manera. Y de camino al lavabo, y de vuelta de este, todas sus ganas de escapar habían sido frustradas por un angustiante sentido de culpabilidad...

- Pobre Juez... - pensaba para sí Khale - ... zi me ezcapo entonces le caztigarán, pobrete...