Erannah comtemplaba, feliz, como el muchacho al que había salvado de los cuatro magos se alejaba hacia su libertad, la multitud apartándose de su camino.
- ¡No! - chilló uno de los magos, apuntando una varita hacia el muchacho.
- ¡No! - chilló uno de los magos, apuntando una varita hacia el muchacho.
Antes de que pudiera activarla, Erannah arrojó una de las dos espadas cortas que llevaba en el cinto al mago, clavándola en el hombro derecho. El mago tambaleó y profirió un grito de dolor.
- No te voy a dejar hacerlo, pedazo de mierda.
Sonó un chasquido y Erannah sintió una corriente atravesarle el cuerpo. Otro de los magos se había recuperado y le había lanzado una descarga eléctrica. Por suerte para Erannah ella era una aasimar, y poseía cierta resistencia a ese tipo de energía.
Se dirigió al mago que le había disparado el conjuro, desenvainó a la carrera su otra espada y le hizo un tajo en el cuello, matándolo al instante.
En ese momento, alguien entre la multitud chilló "¡La guardia, la guardia! ¡Por fin!". "No, no es la guardia, son los Matapiedad", dijo otro ciudadano.
Erannah miró hacia donde apuntaba la multitud. Cinco tipos ataviados con armadura completa color gris, espadas y escudos con el blasón de la facción de los Matapiedad, corrían hacia donde se encontraban ellos. Entre ellos había un miembro de los Hombres de la Ceniza, con su túnica desgastada y de color gris.
- Ya era hora - dijeron al mismo tiempo tanto Erannah como uno de los magos.
Cuando los cinco guardias hicieron acto de presencia, el más robusto de todos ellos, y que parecía ser el líder, dio un paso al frente.
- ¿Que ha sucedido aquí? - preguntó. Su rostro, tapado por un casco cerrado y completo, hacía que su voz tomara un tono metálico
Erannah se dirigió al guardia, confiada en que por fin todo se arreglaría y que esos magos encontrarían su justo merecido.
- Me llamo Erannah. Estos magos de aquí estaban torturando a un chiquillo frente a toda esta multitud, que no movió un solo dedo para impedírselo. Era un espectáculo dantesco. Menos mal que ya están ustedes aquí para darles su merecido.
El guardia observó al mago que había acabado de matar Erannah, y a otro retorciéndose de dolor por la espada clavada en su hombro. El Hombre de la Ceniza que iba con ellos se dirigió de inmediato al mago que estaba herido.
- Parece ser que el merecido se lo ha dado usted - comentó el guardia.
Erannah se hinchó de orgullo ante lo que ella entendió como un cumplido.
- El niño... - dijo otro de los magos - ¡El niño se ha escapado! ¡Esta idiota ha salido a su rescate y se ha cargado a Dofus!
- ¿Hacia donde ha ido el niño? - preguntó el Matapiedad.
- No lo sé, no lo sé... ha huido, se dispersó entre la gente... ¡y todo por culpa de esta idiota justiciera!
- ¿A quien llamas idiota, excremento de...?
Erannah no llegó a acabar su frase. El guardia la había golpeado en la base del estómago, dejándola sin aliento y haciendo que cayera de rodillas al suelo. Boqueando, con las manos en el estómago y buscando tomar aire, miró hacia arriba, hacia el guardia, con un "¿porqué?" dibujado en su rostro.
Lo último que vio fue al mismo guardia cerrar su puño para propinarle otro puñetazo, y luego, solo hubo oscuridad.





